Letras que resuenan profundamente.
En una tranquila mañana de viernes saqué mi cuaderno, donde trabajo de forma creativa en mis áreas de crecimiento. Esta mañana sentí el impulso de escuchar cuatro canciones: Jireh (de Elevation Worship y Maverick City), You Know My Name (Tu sabes mi nombre) (de Tasha Cobbs), La niña de tus ojos (de Daniel Calveti) y Dame tus ojos (de Marcela Gandar).
Lo maravilloso de hablar dos idiomas es que escuchar ciertas canciones me conmueve de manera distinta según la letra.
Así que puse la música, me dejé llevar y simplemente disfruté de lo que surgía de la experiencia.
Escuché Jireh (de Elevation Worship y Maverick City) y You Know My Name (de Tasha Cobbs) mientras empezaba a dibujar. Sé que definitivamente no soy artista, pero intenté trazar una silueta que me representara mientras escuchaba las dos primeras canciones. Las letras son hermosas y, cuando todo va bien, cantarlas resulta muy reconfortante; pero también hay momentos en los que lucho por creer en las afirmaciones que contienen, tales como: «Ya soy amada», «Ya he sido elegida», «Sé quién soy, sé lo que has dicho», «Estaré contenta en cualquier circunstancia», «Caminas conmigo», «Soy Su amiga», «Me hablas», «Conoces mi nombre», «Me consuelas», «En tu presencia soy renovada», «Ningún fuego puede quemarme, ninguna batalla puede desviarme, ninguna montaña puede detenerme», «Sostienes mi mano», «Camino en Tu victoria porque Tu poder está en mí», «Me dices que soy tuya».
La verdad es que, a veces, no creo en ninguna de estas cosas, especialmente en la parte de estar contenta en cualquier circunstancia —de que Jireh es suficiente—. Porque, siendo honesta, a veces no estoy contenta con mis circunstancias y Jireh no me parece suficiente. Quiero que mis circunstancias cambien; quiero aquello que creo que me hará feliz. Quiero la perfección según mi propio punto de vista. A veces detesto mis circunstancias. Una amiga lo expresó muy bien: a veces me encuentro en situaciones en las que preferiría no estar. Prefiero una navegación tranquila, dejarme llevar y avanzar sin sobresaltos. No quiero olas ni tormentas. No quiero ser refinada a través de ellas. Simplemente quiero disfrutar de una vida sencilla. A veces, Jireh no me basta porque no me gustan mis circunstancias.
Tras disfrutar inicialmente escuchando esas canciones con deleite poético, me golpeó la realidad: esas mismas palabras que me hacen sonreír y llenan mi alma son también aquellas de las que dudo en momentos de desesperación. Fue bueno ser sincera conmigo misma y con Dios.
Pero me encanta cómo obra Dios. Tengo frente a mí la única foto que conservo de cuando era bebé; ampliada y colgada en la pared. Al mirarla, recordé un collage que había hecho con otras tres fotos mías. Las imprimí y entonces vinieron a mi mente dos canciones: La niña de Tus ojos, de Daniel Calveti, y Dame Tus ojos, de Marcela Gándara. Me emocioné profundamente, ya que sus letras llegan a lo más hondo de mi corazón y ciertas frases me brindan un consuelo que me llena de paz y de una actitud de entrega: «Me viste a mí cuando nadie me vio», «Me amaste a mí cuando nadie me amó», «Y me diste nombre; soy Tu niña, la niña de Tus ojos, porque me amaste a mí», «Dame lo que necesito para serte fiel» (esta última frase no estaba en la canción, pero sentí que era lo que debía escribir tras escucharla), «Muéstrame el camino que debo seguir», «Ayúdame a ser transformada por Tu amor», «Déjame ver lo que Tú ves».
Estas letras trajeron un gran consuelo a mi alma. Mientras las escribía y escuchaba la música, contemplaba mis fotografías; fue un momento hermoso.
Hubo una frase más ante la que me detuve: «Te amo más que a mi vida». Y, al igual que con aquella otra letra que dice «Jireh, Tú eres suficiente», siento un profundo pesar, porque no siempre es así. Ojalá lo fuera. Pero, por mucho que lamente esto, también me siento increíblemente agradecida, porque Dios, en su amor, lo sabe y me guía con ternura para volver a decir: ¡Él es suficiente! A veces cambian mis circunstancias y a veces Él me cambia a mí; pero, independientemente de cómo vayan las cosas, todo me lleva a aceptar que Él es suficiente.
Sin importar cómo me sienta, puedo tener la certeza de que si decido confiar en Dios, ¡Él me mostrará el camino para que pueda transitarlo!
«Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Este es el camino; síguelo» (Isaías 30:21).