El poder de una pausa.

Una vez al año, mi esposo y yo nos unimos como voluntarios en un campamento hermoso. Está diseñado para crear una experiencia divertida, memorable y espiritual para familias con niños que tienen necesidades especiales. Al principio, apoyábamos en el grupo de padres, brindándoles un espacio para conectar con otras personas que realmente entienden su caminar. Ahora, apoyamos a los mentores que llenan de amor a los campistas durante toda la semana. Me fascina lo que sucede en ese lugar y los milagros que Dios nos permite presenciar. Esta semana esta en mi agenda cada año. ¡Y me encantaría contarte más si en algún momento sientes el deseo de participar o ser voluntario!

Pero por más impactante y maravilloso que sea el campamento, eventualmente termina. 

Cuando regreso a casa, siempre anhelo refugiarme en lo que llamo "mi lugar feliz". Cuando el clima lo permite, ese rincón especial es mi terraza. La mañana siguiente de haber regresado, ni siquiera me quedé dormida. Me preparé mi taza de café de hongo (una rutina matutina que amo desde que mi prima me la recomendó), tomé mi "biblioteca" de diarios, libros y mi Biblia, y salí.

Todo era hermoso. Había un silencio profundo, interrumpido solo por las aves de la mañana, la música de las cigarras y el eco lejano de los autos. Una brisa ligera hacía que estar afuera fuera una delicia. Contemplé los tonos verdes de los árboles y noté un pequeño milagro: una planta que sembré en una maceta estaba empezando a brotar. Esto es un gran logro para mí, porque tengo la reputación de secar todas las plantas, ¡así que ver flores reales crecer fue increíble! Realmente amo los lugares felices que puedo construir en casa.

Sin embargo, no solo tengo esos lugares en casa; la creo a donde quiera que voy.

En el campamento, acomodé un cojín grande en mi cabaña que me traje de casa (mi esposo bromeaba diciendo que parecía un diván). Cada noche, me sentaba allí con mi Biblia a leer, desconectarme y renovar fuerzas.

Antes no me gustaba pasar tiempo a solas conmigo misma, y mucho menos con Dios. Me mantenía tan ocupada que ni siquiera reconocía mi necesidad de hacer una pausa. Sentía que era más fácil seguir corriendo hasta cansarme lo suficiente para dormir, solo para despertar al día siguiente y empezar de nuevo. La verdad es que estaba huyendo de mí misma. No me entusiasmaba pasar tiempo de calidad con una persona infeliz, incluso si esa persona era yo.

Pero con el tiempo, aprendí a amarme y a disfrutar de mi propia compañía. Hoy en día, la mejor parte de mi día es sentarme a solas conmigo y con Dios.

Mientras escribo esto, me invaden las emociones porque me vino a la mente un recuerdo de la infancia. Si conoces mi historia de mi niñez sabes que mi hogar habían muchos problemas. Pero recuerdo haber creado un espacio seguro para jugar con mis muñecas. Las guardaba en una caja de madera y las sacaba para jugar, imaginando una vida de calma en medio del caos. Lamentablemente, a medida que los golpes de la vida llegaron, dejé de crear esos espacios. Me alejé tanto de esa práctica que volver a intentarlo me causaba temor.

¿Qué cambió? Decidí dejar de temerle a que Dios me redirigiera o me llamara a un nivel más alto. Me di cuenta de que, sin importar lo que pase a mi alrededor, necesito un tiempo para pausar y así poder manejar el estrés de la vida. Lo hacía inconscientemente de niña para sobrevivir, y lo necesitaba de nuevo como adulta.

Años más tarde, durante un viaje a Panamá con mi hermana, ella me miró y dijo: "Ya veo qué es lo que te ayuda: te aseguras de tener tiempo a solas". Incluso en ese hotel, encontré un rincón tranquilo para crear mi lugar feliz cada mañana.

Lo que intento decir es esto: crear un lugar feliz comienza con el deseo profundo de buscar la paz interior. Sé que podría haberlo dicho en una sola frase, pero soy escritora de corazón. Me encanta ver cómo Dios va desarrollando los mensajes que pone en mi mente en el momento en que empiezo a escribir.

¿Tienes un lugar feliz? ¿Un espacio donde puedas escapar del caos para resetearte? Si no lo tienes, crea uno hoy!

Aunque no sea un espacio físico permanente, las mujeres de mi programa de mi programa de Coaching Cristiano para Mujeres, Conexiones, me han compartido que nuestro grupo se ha convertido en un lugar feliz para ellas. Como dijo una participante recientemente: “Anhelo que llegue el momento del grupo, y cuando no lo tenemos, lo extraño”.

Los grupos de están actualmente llenos, pero me encantaría conectar contigo y anotarte en la lista de espera para la próxima temporada. Escribe a https://www.oliviahudsonlifecoach.com/contactame

Next
Next

Alegría más allá de los límites.